Recuerdo
esa noche a tu lado como si fuera ahora. Tocar tu piel sin pensar que podía ser
la última vez que la tocaba. Quedar dormida en tus brazos. Y ese último
contacto que tuvimos antes de la despedida. Tu juego con mi pelo, esa mirada
fijada en mí, la caricia previa al beso, el acercamiento que sentí al poner tu
mano al final de mi espalda, el retirar cuidadosamente ese mechón de mi cara y ese intenso y
dulce beso que me diste.
Tus
ojos entristecidos decían que era la hora de despedirse. Pero te volviste acercar
a mí, lentamente, susurrándome al oído las palabras más bonitas que jamás me
habían dicho. Sin decir nada más te alejaste sin mirar atrás, creyendo que
volveríamos a vernos.
Perdóname,
pero permíteme querer más recuerdos como este, vuelve.
Genialoso es poco...
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